viernes, 20 de noviembre de 2015

La Eucaristía

En el antiguo Testamento nos habla de muchas formas sobre el Pan de vida, el que sostiene y no deja  morir de hambre a nuestro cuerpo. Un  pueblo que después de ser liberado por Yahvé, “y nos dirá como mano poderosa”, pero este Dios que Ama, que escucha  se apiada de su pueblo liberándolo de la opresión, de esclavitud en lo cual lo mantenía Egipto. Al caminar hacia la tierra prometida se siente cansados y con hambre, Yahvé le da el mana, para que coman y cojan aliento, alimentándolo de este pan que hace caer del cielo (Ex 16,14-15), para poder seguir su camino a la tierra prometida.  El gran Profeta Elías en el primer libro de los reyes nos cuentas como este Profeta  siente miedo, sale caminando hacia el desierto para proteger su vida de Jezabel. Después de caminar un día entero por el desierto, se siente cansado, y se sienta  bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamo: “¡Basta Señor ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo nada más que mis padres!”. Se acostó y se quedó dormido bajo la retama. Pero el ángel lo toco y le dijo: “Levántate, come!”. El miró y vio que había a su cabecera una galleta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y se acostó de nuevo. Pero el ángel del Señor volvió otra vez, lo toco y le dijo: “¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho por caminar!”. Elías se levantó, comió, y bebió, y fortalecido por este alimento camino cuarenta días y cuarentas noches hasta la montaña de Dios, el Horeb.
    Siguiendo  en el Antiguo Testamento y en especialmente en el Génesis, donde  el Vino y el Pan se ofrecen como acción de gracias a Dios, por la victoria que consiguieron en las batalla; ve la ayuda de Yahvé, reconocen que sin El no pueden hacer nada y que todo bien procede por Él.  Esta  acción de gracias se da por medio de su siervo que hace de sacerdote: Lot es capturado – Él es rescatado por Abram paga los diezmos – Él se niega a aceptar el botín de la conquista (Génesis 14, 18); en esta parte  de la Sagrada Escritura nos narra al hombre que deja su patria y sale con toda su familia en búsqueda, porque el Señor le hace una promesa, fuera de ser Padre de muchos o de un gran pueblo al que más tarde será llamado Israel; hay que recordar que hay otra promesa la del hijo, que  Abraham y Sara no tenían  por ser muy ancianos. Pero Dios cumple esa promesa después de un año de haberle hecho la promesa, y le da el hijo esperado, el heredero de su bendición. Pero Dios le prueba y le pide que le ofrezca  su hijo en sacrificio; pero con mucho dolor lo coge y le pide al niño que lo acompaña a darle gracias con un sacrificio a Yahvé: “Llegaron al lugar que Dios le había dicho y Abraham edificó allí el altar, arregló la leña. Entonces Abraham extendió su mano y tomó el chillo para sacrificar a su hijo (Génesis 22, 10), pero no podemos olvidar que es llamado el padre de la Fe, no por nada, sino por creer totalmente en Dios, estaba convencido firmemente que Dios podía resucitar a su hijo amado Isaac. Así como, el sacrificio del cordero pascual, que libró de la muerte al pueblo de Israel, en Egipto. (Éxodo 12), Y fueron marcados sus puertas con la sangre del Cordero y la muerte no entro en sus casas, así Cristo nos Salva con su sangre al morir en la Cruz.

Cristo, sabiendo que había llegado su “hora”, después de lavar los pies a sus apóstoles y de darles el mandamiento del amor, instituye este sacramento el jueves Santo, en la Última Cena (Mateo 26, 26 -28; Marcos 14, 22 -25; Lucas 22, 19 – 20). Podríamos decir que Nuestro Señor Jesucristo hace de Abraham y de Isaac, nos preguntaríamos cómo seria eso; Abraham ofrece lo que más ama  al hijo de la promesa. Cristo ofrece su vida, libremente al que más ama a su Padre eterno para cumplir su santa voluntad. Isaac sube al sacrificio se puede decir con engaños; Cristo bendito sube al sacrificio sabiendo la verdad, que Él iba hacer ser sacrificado para salvar a muchos. Abraham amarra a su hijo  al altar arreglado con  la leña, Cristo abrasa el leño de la cruz, demostrando con su vida lo que dice con sus palabras: “Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego porque así lo quiero. Tengo poder para entregar mi vida, y tengo poder para volver a recibirla, pues esto es lo que mi Padre me ha ordenado hacer.” (Juan 10:18).  El  sacrificio de la cruz, con todo su valor infinito. En él se cumplen todas las características del sacrificio, el sacerdote, y la víctima son el mismo Cristo, quien se inmola con el fin de darle gloria de Dios. No es una representación, sino una renovación, del sacrificio de la cruz en Sagrada Misa; En cada una se repite el sacrificio de la cruz, la única diferencia es que se realiza de forma incruenta, sin derramamiento de sangre. La Misa es el perfecto sacrificio porque la víctima es perfecta que es Cristo que se ofrece como alimento de vida eterna para nosotros los hombres.
¡Yo soy el pan de vida,  Si uno come de este pan vivirá para siempre, pues el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo!” (Juan 6, 32-34; 51). Por la gracia de la fe, la cual hemos recibido por el Bautismo y cultivada a través una vida de acuerdo con lo que Dios quiere, podemos celebrar este misterio y no solo como espectador sino activamente uniéndonos a Él, al consumir su carne y su sangre; porque el Señor Jesús nos dice: Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera  bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en Mí  y yo en él. Como el Padre que vive me envió, y yo vivo por el Padre, asimismo  el que me come, el también vivirá por Mi. (S. Juan 6,55-57). Así Él nos hace partícipes de su Resurrección porque  ya somos parte de su Cuerpo místico y gracias a que nos alimentamos de Él, somos miembros vivos de Él.
Cuando el sube al Padre deja el mandato  a sus Apóstoles y estos a sucesores por el Sacramento de la Ordenación sacerdotal de Celebrar el Sacramento de la Eucaristía e insiste y eso se puede ver muy claramente en el Santo Evangelio, y nos deja muy claro que si queremos vivir hay que recibirlo: yo vivo por el Padre, asimismo  el que me come, el también vivirá por Mi. (S. Juan 6,55); El nuestra Única Salvación.
Este Sacramento de la obediencia, de la profunda humildad, donde el Cristo se sacrifica por nosotros y aun más se hace alimento, no solo nuestra alma si no también nuestro cuerpo, bajo las dos especies  del pan y el vino y nos llena de su gracias como Dios, también nos une, Él quiere que seamos uno como El y Padre y el Espíritu es una sola cosa.
Debemos decir, como los Apóstoles le dijeron al Señor Jesús: yo creo aumenta nuestra fe; pedir al Padre que nos revele a su Hijo por medio de su Espíritu Santo en el Misterio de la Sagrada Eucaristía. A veces perdemos ese fervor hacia el   sacramento y se nos hace común el comulgar todos los días y vamos a la rutina cada día, y se siente se va desgastando la fe, y caemos como en el cumplir  como ir a misa, se nos va perdiendo el misterio de Dios.

Y la angustia de esta vida, ya sea de salud o falta de lo necesario, la angustia nos agobia, nos sentimos tan débiles y los problemas nos comienzan alejar de Dios. Y sentimos solos y tristes, y buscamos la solución por nuestras fuerzas, y las verdades se nos parecen que solo son inventos de los curas y de las monjas, para tenernos  sometidos, y la verdad que nos escondes. Pero esa necesidad de sentirse que uno no va solo en esta vida, le hace comprender que Dios y que su verdad me supera, que la fe no es algo en que solamente se cree sino algo que se vive y eso se hace en la celebración Eucarística y a acompañado con los hermanos en fe que Dios nos da, donde Cristo nos reúne en su Iglesia no para escondernos de la realidad y vivir con un misticismo que a veces es peligroso para nosotros y que le hace daño, pero tampoco caer en extremo de negar la buena mística que la Iglesia aprueba y ver que el Señor hizo grandes cosas por medio  los santos cuándo se dejaron llevar por El: “Y decir como dice el Santo Evangelio: ¿Acaso le da las gracias al siervo al siervo porque hizo lo que se le ordeno? Así también vosotros, hayáis hecho se ordenado, decid: Siervos inútiles somos; hemos hecho solo lo que debíamos haber hecho”. S. Lucas 17,9-10; también como dice San francisco ser el siervo de los siervos, sentirse  como un llamado por misericordia a vivir con Él, para El y por El por medio de su cuerpo y su sangre cuando uno se alimenta de Él.

4 comentarios:

  1. el sacramento de la Eucaristía es uno de los sacramentos de mayor importancia, al saber que Dios entre a su Hijo como salvador de todo lo creado, y esto nos ayuda a llevar a entender que todo va a su debido proceso de unión con la iglesia peregrina y fervorosa a todo lo que nos ha transmitido de generación en generación, y esto es un proceso de amor al padre a través de su mismo testimonio.

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  2. La eucaristía es el corazón y la cumbre de la iglesia, pues en ella Cristo asocia su Iglesia y todos sus miembros a su sacrificio de alabanza y acción de gracias ofrecido una vez por todas en la cruz a su padre; por medio de este sacrificio derrama las gracias de la salvación, sobre su cuerpo que es la sagrada iglesia.
    en la eucaristía se celebra la pascua del señor. La pascua es la fiesta del pueblo de Israel en la que se recuerda el paso del señor librándonos de la esclavitud de Egipto.
    En la misa recordamos lo que Cristo hizo en la última cena.Por lo tanto se recuerda a su muerte y su resurrección, por la cual salvo al hombre de la esclavitud del pecado.

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  3. la eucaristía en la vida de la iglesia, en ella se llevan a cabo la mayoría de los sacramentos y aunque tengan un ritual propio tienen su mayor expresión si lo vivimos en la eucaristía; se vive mas plenamente el encuentro con Cristo y la comunión con la Iglesia purgante, peregrinante y militante, ósea, la Iglesia universal .

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  4. Es importante reconocer que la Eucarristia es el principal sacramento que todo Catolico debe buscar porque alli esta la fiesta mas importante donde se resume todo el fundamento de la Trinidad.

    Muy bien elaborado con citas biblicas.

    JORGE ANDRES HINCAPIE CORREA

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