Para quienes somos católicos o lo han sido, bueno incluso
los que nos ven desde fuera, conocemos la existencia de los sacramentos. Por catequesis aprendimos que son siete y que
abarcan de extremo a extremo nuestra existencia y vida de fe. Pero ¿Qué es un sacramento?, ¿Qué utilidad
tienen? De manera breve aquí me propongo
hablar sobre este tema, espero poder dejar una luz a nuestra existencia y una
motivación para ver los sacramentos con ojos y con escucha de fe.
Para decirlo en pocas palabras cada sacramento es un
símbolo, uno que no solo significa algo sino que lo hace presente de tal manera
que podemos hablar de la eficacia de los sacramentos. Efectivamente el Bautismo nos da la gracia de
hijos de Dios haciéndonos pasar de la muerte del pecado a la vida del Espíritu,
efectivamente la Eucaristía nos alimenta con el cuerpo y sangre de Cristo,
efectivamente el matrimonio une a la pareja como Cristo está unido a su
Iglesia, etc. Los sacramentos hacen
presente a Nuestro Señor Jesucristo, pero también Él es sacramento del Padre (Juan
14,9), así mismo la Iglesia es sacramento de Jesucristo, y es a través de ella
que recibimos la gracia en cada sacramento.
Sólo un detalle creo necesario resaltar, la necesidad de la disposición
de quien recibe el sacramento (en teología esto se llama ex opere operantis), y yo veo esa disposición ante todo en la consciencia,
una consciencia que ya debe haber sido tocada por la Palabra de Dios y que esté
ya caminando en conversión.
El final del anterior párrafo me permite abrir un tema de
discusión. He señalado cómo la realidad
sacramental viene desde Jesucristo hasta nosotros a través de la Iglesia, pero
no he dicho que también la Palabra de Dios goza de dicha sacramentalidad. Aclaro que no se debe ver la Biblia, la
Palabra como “un sacramento, el octavo sacramento” tampoco como algo inferior a
ellos, pero sí como elemento importante dentro de toda esta realidad. ¿Qué sucede pues? Sucede que Jesucristo es la Palabra hecha
carne, Él es palabra del Padre. Sucede
que la Iglesia ha recibido el mandato de anunciar la Palabra, así que no se
entiende la comunidad eclesial si no es congregada por el único mensaje de
salvación, “evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la
Iglesia, su identidad más profunda” (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 14). Finalmente
no existe sacramento sin Palabra de Dios como contenido o al menos referencia. Digo con todo esto entonces que nuestra
consciencia de creyentes necesita de la Palabra revelada para ser purificada y vivir más profundamente los ritos
sacramentales que nos proveen de gracia y bendición.
Dejo una pregunta: participando la Palabra de Dios de esa
dimensión sacramental, ¿contiene ella alguna gracia transformante? De ser así, ¿En qué se parece o se diferencia
de la gracia recibida en los sacramentos? (Comenta aquí abajo...)