martes, 27 de octubre de 2015

Los sacramentos

Para quienes somos católicos o lo han sido, bueno incluso los que nos ven desde fuera, conocemos la existencia de los sacramentos.  Por catequesis aprendimos que son siete y que abarcan de extremo a extremo nuestra existencia y vida de fe.  Pero ¿Qué es un sacramento?, ¿Qué utilidad tienen?  De manera breve aquí me propongo hablar sobre este tema, espero poder dejar una luz a nuestra existencia y una motivación para ver los sacramentos con ojos y con escucha de fe.

Para decirlo en pocas palabras cada sacramento es un símbolo, uno que no solo significa algo sino que lo hace presente de tal manera que podemos hablar de la eficacia de los sacramentos.  Efectivamente el Bautismo nos da la gracia de hijos de Dios haciéndonos pasar de la muerte del pecado a la vida del Espíritu, efectivamente la Eucaristía nos alimenta con el cuerpo y sangre de Cristo, efectivamente el matrimonio une a la pareja como Cristo está unido a su Iglesia, etc.  Los sacramentos hacen presente a Nuestro Señor Jesucristo, pero también Él es sacramento del Padre (Juan 14,9), así mismo la Iglesia es sacramento de Jesucristo, y es a través de ella que recibimos la gracia en cada sacramento.  Sólo un detalle creo necesario resaltar, la necesidad de la disposición de quien recibe el sacramento (en teología esto se llama ex opere operantis), y yo veo esa disposición ante todo en la consciencia, una consciencia que ya debe haber sido tocada por la Palabra de Dios y que esté ya caminando en conversión.

El final del anterior párrafo me permite abrir un tema de discusión.  He señalado cómo la realidad sacramental viene desde Jesucristo hasta nosotros a través de la Iglesia, pero no he dicho que también la Palabra de Dios goza de dicha sacramentalidad.  Aclaro que no se debe ver la Biblia, la Palabra como “un sacramento, el octavo sacramento” tampoco como algo inferior a ellos, pero sí como elemento importante dentro de toda esta realidad.  ¿Qué sucede pues?  Sucede que Jesucristo es la Palabra hecha carne, Él es palabra del Padre.  Sucede que la Iglesia ha recibido el mandato de anunciar la Palabra, así que no se entiende la comunidad eclesial si no es congregada por el único mensaje de salvación, “evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda” (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 14).  Finalmente no existe sacramento sin Palabra de Dios como contenido o al menos referencia.  Digo con todo esto entonces que nuestra consciencia de creyentes necesita de la Palabra revelada para ser purificada y  vivir más profundamente los ritos sacramentales que nos proveen de gracia y bendición.


Dejo una pregunta: participando la Palabra de Dios de esa dimensión sacramental, ¿contiene ella alguna gracia transformante?  De ser así, ¿En qué se parece o se diferencia de la gracia recibida en los sacramentos? (Comenta aquí abajo...)