lunes, 23 de noviembre de 2015

Unción de los Enfermos

(presentado por Elmer Alarcón)

El sacramento de la unción de enfermos tiene como fin  conferir al cristiano una gracia  especial que se puede experimentar en la enfermedad o en la vejez.
Ahora bien podemos decidir que es oportuno recibir este sacramento de la unción de enfermos cuando el cristiano empieza a encontrarse en un estado de peligro de muerte por causa de la enfermedad o de vejez.
Sin embargo cuando llegamos a estar enfermos sentimos rebeldía porque se altera nuestra calidad de vida; nos duele todo el cuerpo, no estamos de humor, y si se agrava la enfermedad sentimos que Dios nos ha abandonado y que estamos solos.
Lo mismo sienten los ancianos, después de haber sido personas dinámicas y trabajadoras, ahora su cuerpo ya no funciona como solía hacerlo anteriormente, y se encuentran postrados en una cama.
Dios nos ama y nos acompaña hasta en los momentos más difíciles o al final de nuestra vida, en la vejez. Por eso, Dios se hace presente en el sacramento de la Unción de enfermos, para darle al enfermo la fuerza  para soportar el sufrimiento con paz y consuelo, para que sienta que Jesús está cerca y si conviene a su salud espiritual, para que Dios los sane.
Las dimensiones del símbolo sacramental  de la unción de enfermos son la cristológica y la pascual.
 La dimensión cristológica, esta expresada en el texto de la carta de Santiago “ungiéndole  en el nombre del señor”. La dimensión pascual “la oración de la fe salvara al enfermo  y el señor lo reanimará”
La dimensión eclesial, es Cristo quien unge y suplica, es la iglesia quien unge y suplica, en la persona del ministro visible, ministro de cristo y de la iglesia. Se pide que el enfermo, restablecido, se incorpore a los deberes de la vida en la comunidad eclesial.
Ahora  bien en la dimensión escatológica, Cristo nos anticipa en el sacramento de la unción la curación radical, definitiva, en los milagros de curación que el realizo durante su ministerio.
 Los efectos de sacramento de  la Unción de enfermos, son dos indicados en el texto de la carta de Santiago, 5,13-15.:  
a) “la oración de la fe salvará al enfermo y el señor le reanimará”
b) “y si tiene pecados m, se le perdonaran”·    
Ahora bien, ya conoces lo que es la unción de enfermos, ¿te gustaría recibirla alguna  vez?, ¿por qué?
¿Cuáles son los efectos del sacramento de la Unción de enfermos?


viernes, 20 de noviembre de 2015

La Eucaristía

En el antiguo Testamento nos habla de muchas formas sobre el Pan de vida, el que sostiene y no deja  morir de hambre a nuestro cuerpo. Un  pueblo que después de ser liberado por Yahvé, “y nos dirá como mano poderosa”, pero este Dios que Ama, que escucha  se apiada de su pueblo liberándolo de la opresión, de esclavitud en lo cual lo mantenía Egipto. Al caminar hacia la tierra prometida se siente cansados y con hambre, Yahvé le da el mana, para que coman y cojan aliento, alimentándolo de este pan que hace caer del cielo (Ex 16,14-15), para poder seguir su camino a la tierra prometida.  El gran Profeta Elías en el primer libro de los reyes nos cuentas como este Profeta  siente miedo, sale caminando hacia el desierto para proteger su vida de Jezabel. Después de caminar un día entero por el desierto, se siente cansado, y se sienta  bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamo: “¡Basta Señor ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo nada más que mis padres!”. Se acostó y se quedó dormido bajo la retama. Pero el ángel lo toco y le dijo: “Levántate, come!”. El miró y vio que había a su cabecera una galleta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y se acostó de nuevo. Pero el ángel del Señor volvió otra vez, lo toco y le dijo: “¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho por caminar!”. Elías se levantó, comió, y bebió, y fortalecido por este alimento camino cuarenta días y cuarentas noches hasta la montaña de Dios, el Horeb.
    Siguiendo  en el Antiguo Testamento y en especialmente en el Génesis, donde  el Vino y el Pan se ofrecen como acción de gracias a Dios, por la victoria que consiguieron en las batalla; ve la ayuda de Yahvé, reconocen que sin El no pueden hacer nada y que todo bien procede por Él.  Esta  acción de gracias se da por medio de su siervo que hace de sacerdote: Lot es capturado – Él es rescatado por Abram paga los diezmos – Él se niega a aceptar el botín de la conquista (Génesis 14, 18); en esta parte  de la Sagrada Escritura nos narra al hombre que deja su patria y sale con toda su familia en búsqueda, porque el Señor le hace una promesa, fuera de ser Padre de muchos o de un gran pueblo al que más tarde será llamado Israel; hay que recordar que hay otra promesa la del hijo, que  Abraham y Sara no tenían  por ser muy ancianos. Pero Dios cumple esa promesa después de un año de haberle hecho la promesa, y le da el hijo esperado, el heredero de su bendición. Pero Dios le prueba y le pide que le ofrezca  su hijo en sacrificio; pero con mucho dolor lo coge y le pide al niño que lo acompaña a darle gracias con un sacrificio a Yahvé: “Llegaron al lugar que Dios le había dicho y Abraham edificó allí el altar, arregló la leña. Entonces Abraham extendió su mano y tomó el chillo para sacrificar a su hijo (Génesis 22, 10), pero no podemos olvidar que es llamado el padre de la Fe, no por nada, sino por creer totalmente en Dios, estaba convencido firmemente que Dios podía resucitar a su hijo amado Isaac. Así como, el sacrificio del cordero pascual, que libró de la muerte al pueblo de Israel, en Egipto. (Éxodo 12), Y fueron marcados sus puertas con la sangre del Cordero y la muerte no entro en sus casas, así Cristo nos Salva con su sangre al morir en la Cruz.

Cristo, sabiendo que había llegado su “hora”, después de lavar los pies a sus apóstoles y de darles el mandamiento del amor, instituye este sacramento el jueves Santo, en la Última Cena (Mateo 26, 26 -28; Marcos 14, 22 -25; Lucas 22, 19 – 20). Podríamos decir que Nuestro Señor Jesucristo hace de Abraham y de Isaac, nos preguntaríamos cómo seria eso; Abraham ofrece lo que más ama  al hijo de la promesa. Cristo ofrece su vida, libremente al que más ama a su Padre eterno para cumplir su santa voluntad. Isaac sube al sacrificio se puede decir con engaños; Cristo bendito sube al sacrificio sabiendo la verdad, que Él iba hacer ser sacrificado para salvar a muchos. Abraham amarra a su hijo  al altar arreglado con  la leña, Cristo abrasa el leño de la cruz, demostrando con su vida lo que dice con sus palabras: “Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego porque así lo quiero. Tengo poder para entregar mi vida, y tengo poder para volver a recibirla, pues esto es lo que mi Padre me ha ordenado hacer.” (Juan 10:18).  El  sacrificio de la cruz, con todo su valor infinito. En él se cumplen todas las características del sacrificio, el sacerdote, y la víctima son el mismo Cristo, quien se inmola con el fin de darle gloria de Dios. No es una representación, sino una renovación, del sacrificio de la cruz en Sagrada Misa; En cada una se repite el sacrificio de la cruz, la única diferencia es que se realiza de forma incruenta, sin derramamiento de sangre. La Misa es el perfecto sacrificio porque la víctima es perfecta que es Cristo que se ofrece como alimento de vida eterna para nosotros los hombres.
¡Yo soy el pan de vida,  Si uno come de este pan vivirá para siempre, pues el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo!” (Juan 6, 32-34; 51). Por la gracia de la fe, la cual hemos recibido por el Bautismo y cultivada a través una vida de acuerdo con lo que Dios quiere, podemos celebrar este misterio y no solo como espectador sino activamente uniéndonos a Él, al consumir su carne y su sangre; porque el Señor Jesús nos dice: Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera  bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en Mí  y yo en él. Como el Padre que vive me envió, y yo vivo por el Padre, asimismo  el que me come, el también vivirá por Mi. (S. Juan 6,55-57). Así Él nos hace partícipes de su Resurrección porque  ya somos parte de su Cuerpo místico y gracias a que nos alimentamos de Él, somos miembros vivos de Él.
Cuando el sube al Padre deja el mandato  a sus Apóstoles y estos a sucesores por el Sacramento de la Ordenación sacerdotal de Celebrar el Sacramento de la Eucaristía e insiste y eso se puede ver muy claramente en el Santo Evangelio, y nos deja muy claro que si queremos vivir hay que recibirlo: yo vivo por el Padre, asimismo  el que me come, el también vivirá por Mi. (S. Juan 6,55); El nuestra Única Salvación.
Este Sacramento de la obediencia, de la profunda humildad, donde el Cristo se sacrifica por nosotros y aun más se hace alimento, no solo nuestra alma si no también nuestro cuerpo, bajo las dos especies  del pan y el vino y nos llena de su gracias como Dios, también nos une, Él quiere que seamos uno como El y Padre y el Espíritu es una sola cosa.
Debemos decir, como los Apóstoles le dijeron al Señor Jesús: yo creo aumenta nuestra fe; pedir al Padre que nos revele a su Hijo por medio de su Espíritu Santo en el Misterio de la Sagrada Eucaristía. A veces perdemos ese fervor hacia el   sacramento y se nos hace común el comulgar todos los días y vamos a la rutina cada día, y se siente se va desgastando la fe, y caemos como en el cumplir  como ir a misa, se nos va perdiendo el misterio de Dios.

Y la angustia de esta vida, ya sea de salud o falta de lo necesario, la angustia nos agobia, nos sentimos tan débiles y los problemas nos comienzan alejar de Dios. Y sentimos solos y tristes, y buscamos la solución por nuestras fuerzas, y las verdades se nos parecen que solo son inventos de los curas y de las monjas, para tenernos  sometidos, y la verdad que nos escondes. Pero esa necesidad de sentirse que uno no va solo en esta vida, le hace comprender que Dios y que su verdad me supera, que la fe no es algo en que solamente se cree sino algo que se vive y eso se hace en la celebración Eucarística y a acompañado con los hermanos en fe que Dios nos da, donde Cristo nos reúne en su Iglesia no para escondernos de la realidad y vivir con un misticismo que a veces es peligroso para nosotros y que le hace daño, pero tampoco caer en extremo de negar la buena mística que la Iglesia aprueba y ver que el Señor hizo grandes cosas por medio  los santos cuándo se dejaron llevar por El: “Y decir como dice el Santo Evangelio: ¿Acaso le da las gracias al siervo al siervo porque hizo lo que se le ordeno? Así también vosotros, hayáis hecho se ordenado, decid: Siervos inútiles somos; hemos hecho solo lo que debíamos haber hecho”. S. Lucas 17,9-10; también como dice San francisco ser el siervo de los siervos, sentirse  como un llamado por misericordia a vivir con Él, para El y por El por medio de su cuerpo y su sangre cuando uno se alimenta de Él.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

La Confirmación


La confirmación es uno de los sacramentos de la iniciación cristiana, pero el bautismo es el sacramento de la iniciación por antonomasia. Sin embargo, en la confirmación descubrimos un momento original, no sólo porque expresa, celebra y realiza principalmente un aspecto del misterio de Cristo como lo es Pentecostés, sino también porque realiza e integra de un modo peculiar en la Iglesia, y también porque manifiesta el encuentro del hombre con Dios, en una situación concreta (la propia del confirmando). Por ende, si decimos que la confirmación es el don del Espíritu, debemos afirmar también que el bautismo nos hace “renacer a la vida en el agua y el Espíritu”. No hay dos Espíritus sino uno, que actúa en nosotros tanto en el bautismo como en la confirmación. Sin embargo, es preciso decir también que el Espíritu en la confirmación se nos da de un modo especial, a semejanza de Pentecostés, nos sella de una manera propia como don escatológico, nos caracteriza con una definitividad peculiar como miembros del Cuerpo de la Iglesia, nos fortalece con un nuevo dinamismo en aras  a la santificación y el testimonio. Si consideramos la confirmación como un perfeccionamiento de la vida cristiana, hemos de reconocer que esto también se da en los demás sacramentos. “La diferencia está en que en la confirmación se significa de forma especial este perfeccionamiento. Pues si el bautismo nos hace partícipes de la gracia pascual, la confirmación nos hace partícipes del don culminante de la Pascua; si el bautismo perdona nuestros pecados y nos da la vida de Dios, la confirmación nos hace partícipes del don pentecostal del Espíritu que nos compromete en la misión y lucha contra el pecado en el mundo; y si el bautismo es el principio desencadenante del proceso de iniciación, la confirmación es el avance y perfeccionamiento del mismo proceso hacia su plenitud: dada la unidad entre los tres sacramentos de la iniciación (bautismo, confirmación y eucaristía), esta queda incompleta si falta la confirmación”.

También afirmamos que la confirmación “tiene una dimensión eclesial y se da para la edificación de la Iglesia”. Esto lo podemos afirmar igualmente del bautismo y de los demás sacramentos, especialmente la eucaristía. Sin embargo, la confirmación realiza este aspecto de forma especial. Pues, si por el bautismo somos incorporados a la Iglesia, por la confirmación asumimos personalmente nuestra pertenencia, somos asociados a su edificación histórica, somos integrados más dinámicamente a su misión profética, sacerdotal y real y somos orientados hacia una más intensa y perfecta participación en el sacrificio eucarístico. “La confirmación, por la presencia del obispo, manifiesta la comunión del confirmado con toda la Iglesia y su misión”. Digamos, en fin, que si la confirmación compromete al testimonio y al cumplimiento de la misión profética, este compromiso y misión ya se habían dado en el bautismo, y están presentes en los demás sacramentos. No obstante, nada impide afirmar que la confirmación es un sacramento que compromete al testimonio y nos hace profetas de un modo especial. Por la confirmación asumimos este testimonio personalmente, en la fuerza del Espíritu pentecostal. Allí se trataba fundamentalmente de ser cristiano, aquí se trata sobre todo de actuar como cristiano de cara al mundo, la sociedad, las estructuras... En el bautismo fuimos ya constituidos profetas; en la confirmación somos proclamados oficialmente como tales ante la comunidad de la Iglesia.

Desde el punto de vista individual, la confirmación es el culmen de una transformación en el Espíritu. Así lo sentí el 16 de julio de 1998 cuando recibí este sacramento por manos del Excmo. Señor Flavio Calle Zapata, obispo de la Diócesis de Sonson-Rionegro,  con la efusión extraordinaria del Espíritu, nace  mí el compromiso de una participación en la edificación de la Iglesia, la valentía para el testimonio; y que recibí de mis padres en la educación que me dieron en la fe y con la confirmación se reforzó la obra iniciada en el bautismo. Así, con el don del Espíritu Santo, doy gracias infinitas al Dios de amor por invitarme a ser testigo de Jesucristo, permitiéndome madurar un poco mas en la fe y concediéndome la gracia de llevar una mejor vida cristiana y llevando la frente muy en alto, con el sello invisible de la unción que nos caracteriza por ser discípulos y misioneros de Cristo. 

(Éste artículo contiene párrafos de otras fuentes de internet a quienes agradecemos su información.)

¿Para qué sirve este sacramento?

¿Por qué este sacramento se conoce en nuestro tiempo como la despedida del católico, (cristiano)? 

martes, 3 de noviembre de 2015

El Bautismo como sacramento de iniciación de vida cristiana

(A continuación breve reflexión realizada por el estudiante Esaul González Villada)

El bautismo aparece en la biblia  en varios textos bíblicos que hacen referencia, de la palabra “baptismo, cuatro veces en el nuevo testamento, en Lucas 16, 24; Ap. 19,13 y dos veces en Juan 13,26, exclusivamente con el significado de sumergir”[1], estas referencias bíblicas nos hacen ver  que la palabra bautismo no es creado por el mismo hombre sino interpretado por la revelación divina que Dios le ha concedido al hombre, para saber entender en los mismos textos bíblicos al no cambiarle el contexto del que se ha anunciado como hacer parte de un santuario digno de guardar las promesas requeridas en el confirmar, cuando nos ungen el santo crisma en nuestra cabeza para así dar entrada en nuestra vida a un cambio de santidad dejando el hombre viejo, sumergiéndonos en el agua y liberándonos de todas las ataduras que nos han llevado a estar atados en el  materialismo y desatarnos de todo lo malo en nuestra vida.
Es un misterio que fortalece y nos ayuda a llevar la vida en común, no saliéndonos de los parámetros de la Iglesia porque todo está escrito en las sagradas escrituras, pero  me puedo cuestionar de un momento a otro: “¿Por qué es un misterio en el nombre de Jesucristo y posteriormente en seguida en el nombre de la santísima Trinidad? ¿Por qué?, Porque en el bautismo recibimos  el Espíritu Santo bajo el signo visible del agua que significa purificación y también nos hace ver como acontecimiento salvífico en el misterio pascual de la “pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo”[2], un inicio que puede propiciar varios acontecimientos en la fe que están escritos en la sagrada Escritura como el libro que da a entender todo lo bueno por mediación del hombre que ha sido inspirado para dar ciertas fórmulas  del bautismo que se pueden dar en la unción del niño o niña que va hacer integrante nuevo en la familia de Dios .
El sacramento de bautismo  es la puerta de la Iglesia de Dios para ser miembro activo,  entrando en la Escuela de Jesús, para proceder a un caminar más seguro, para afirmar la fe que les ha confiado a nuestros padres por medio de un testimonio vivo, todo esto lleva un fin que es el de estar en la familia en comunión con la sociedad con la que vivimos, por ejemplo lo podemos ver: Cuando nuestros padres de familia escogen lo padrinos para  que puedan ser personas de fe y  testigos en los valores de la virtud, responsabilidad, disciplina y respeto. Haciéndolo saber por el mismo amor que se les brinda a ellos y corregirlos en una forma más adecuada y central  en la moral de la persona trayéndolos a presentar en la Iglesia ante toda la asamblea como un miembro activo inscritos  en un  registro donde puede afirmar en la fe, con la firma del sacerdote.

Les invitamos a participar respondiendo las siguientes preguntas en los comentarios de este blog:

1¿El niño está enfermo, se le debe bautizar aunque se opongan los padres? ¿Por qué?
2 ¿En caso de peligro de muerte se puede bautizar omitiendo los ritos secundarios o posponiéndolos? ¿Por qué?



[1] Teología Sacramental. Tema 1, El nombre del Bautismo, Instituto Superior de Ciencias Religiosas a Distancia. “San Agustín” Pag, 37.
[2] Teología Sacramental, Tema 2, Teología del Sacramento del Bautismo, Instituto Superior de Ciencias Religiosas a Distancia, “San Agustín”, Pag,42-43.

martes, 27 de octubre de 2015

Los sacramentos

Para quienes somos católicos o lo han sido, bueno incluso los que nos ven desde fuera, conocemos la existencia de los sacramentos.  Por catequesis aprendimos que son siete y que abarcan de extremo a extremo nuestra existencia y vida de fe.  Pero ¿Qué es un sacramento?, ¿Qué utilidad tienen?  De manera breve aquí me propongo hablar sobre este tema, espero poder dejar una luz a nuestra existencia y una motivación para ver los sacramentos con ojos y con escucha de fe.

Para decirlo en pocas palabras cada sacramento es un símbolo, uno que no solo significa algo sino que lo hace presente de tal manera que podemos hablar de la eficacia de los sacramentos.  Efectivamente el Bautismo nos da la gracia de hijos de Dios haciéndonos pasar de la muerte del pecado a la vida del Espíritu, efectivamente la Eucaristía nos alimenta con el cuerpo y sangre de Cristo, efectivamente el matrimonio une a la pareja como Cristo está unido a su Iglesia, etc.  Los sacramentos hacen presente a Nuestro Señor Jesucristo, pero también Él es sacramento del Padre (Juan 14,9), así mismo la Iglesia es sacramento de Jesucristo, y es a través de ella que recibimos la gracia en cada sacramento.  Sólo un detalle creo necesario resaltar, la necesidad de la disposición de quien recibe el sacramento (en teología esto se llama ex opere operantis), y yo veo esa disposición ante todo en la consciencia, una consciencia que ya debe haber sido tocada por la Palabra de Dios y que esté ya caminando en conversión.

El final del anterior párrafo me permite abrir un tema de discusión.  He señalado cómo la realidad sacramental viene desde Jesucristo hasta nosotros a través de la Iglesia, pero no he dicho que también la Palabra de Dios goza de dicha sacramentalidad.  Aclaro que no se debe ver la Biblia, la Palabra como “un sacramento, el octavo sacramento” tampoco como algo inferior a ellos, pero sí como elemento importante dentro de toda esta realidad.  ¿Qué sucede pues?  Sucede que Jesucristo es la Palabra hecha carne, Él es palabra del Padre.  Sucede que la Iglesia ha recibido el mandato de anunciar la Palabra, así que no se entiende la comunidad eclesial si no es congregada por el único mensaje de salvación, “evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda” (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 14).  Finalmente no existe sacramento sin Palabra de Dios como contenido o al menos referencia.  Digo con todo esto entonces que nuestra consciencia de creyentes necesita de la Palabra revelada para ser purificada y  vivir más profundamente los ritos sacramentales que nos proveen de gracia y bendición.


Dejo una pregunta: participando la Palabra de Dios de esa dimensión sacramental, ¿contiene ella alguna gracia transformante?  De ser así, ¿En qué se parece o se diferencia de la gracia recibida en los sacramentos? (Comenta aquí abajo...)